Almanaque De La Prensa
Hoy es Domingo, 22 de Julio de 2018

Síndrome de Rubinstein-Taybi (SRT)

En 1957 tres doctores griegos, Michail J, Matsoukas J, y Theodorou S, describieron el primer caso conocido del Síndrome de Rubinstein-Taybi (SRT), también llamado “síndrome de los pulgares anchos”: se trataba de un niño de siete años, con los pulgares arqueados –de ahí su sobrenombre–, microcefalia, hipotonía muscular y retraso mental; características físicas comunes a casi todas las personas que sufren el trastorno, que se completan en ocasiones con problemas gastrointestinales, anomalías cardiacas y renales y problemas de visión.

El artículo de estos doctores pasó desapercibido, pero ese mismo año el pediatra estadounidense Jack Rubinstein estudió el caso de una niña de tres años que tenía el mismo problema. En 1961 el radiólogo, también norteamericano, Hoosgang Taybi, que había registrado otro caso del síndrome, entró en contacto con su colega Rubistein y, en 1963, tras comprobar que el trastorno se repetía en niños de todo el mundo sin ningún tipo de vinculación, publicaron un artículo en la revista American Journal Diseases of Children describiendo los casos de todos los pacientes que habían estudiado. Fue entonces cuando el síndrome empezó a conocerse con el nombre de estos dos doctores.

Han pasado 50 años desde que Taybi y Rubinstein definieron la enfermedad, pero aún hoy sigue siendo una enorme desconocida; es una enfermedad rara, difícil de identificar y sobre la que apenas hay abiertas vías de investigación. El 3 de julio de 2006 falleció el doctor Rubinstein, y con motivo de la efeméride se eligió esa fecha para establecer el Día Internacional del SRT, que se celebra este año por segunda vez.

Una investigación estancada

El SRT es un trastorno genético, pero no hereditario. Habitualmente los casos aparecen de forma esporádica, sin precedentes familiares ni problemas en el embarazo, debido a mutaciones aleatorias en distintos genes que juegan un papel decisivo en el desarrollo de algunos órganos y sistemas del cuerpo. El trastorno no se identifica hasta pasados varios meses o incluso años. No hay ningún marcador médico que ayude al diagnóstico del síndrome ya que, aunque existen pruebas genéticas, no siempre dan positivo, y son los rasgos físicos los que suelen determinar su identificación. Pero en la mayoría de ocasiones estos rasgos no se dan a la vez, por lo que el diagnostico se vuelve aún más complejo.

En estos síndromes minoritarios los avances son mucho más lentos porque hay menos grupos trabajando en elloAunque es difícil conocer con seguridad la incidencia del síndrome, ya que muchos casos pueden estar sin identificar o mal diagnosticados, se calcula que la enfermedad afecta a uno de cada 100.000 o 125.000 nacimientos, ya sean hombres o mujeres (la incidencia es similar en ambos géneros y en todas las razas). Esta baja incidencia coloca a la enfermedad en el olvidado grupo de las “enfermedades raras”, patologías que, debido a su baja incidencia, no cuentan con los recursos para investigación que tienen otros trastornos más comunes.